Probablemente, hayan escuchado hablar de la UPR, quizá, simplemente les suene de algo, también es factible, que la desconozcan por completo. No se preocupen, su nivel de conocimiento en lo referente a esta unidad no es relevante para que puedan mostrar curiosidad por este texto. Mi objetivo principal es acercarles a la rutina diaria de estos grupos operativos policiales desde una perspectiva más humana que técnica. La Policía Nacional es una institución con múltiples competencias y numerosas especialidades, las Unidades de Prevención y Reacción están encuadradas en el área de seguridad ciudadana y actualmente, bajo mi humilde opinión, son las más versátiles y polivalentes del cuerpo. A las características anteriores se le debe añadir la disponibilidad exigida y no retribuida, el reglamento la define como flexibilidad horaria, una frivolidad que camufla un exceso y que sirve de herramienta para modificar los horarios laborales de manera prematura y en cualquier instante a través del chat que nunca descansa.
El lunes ejecutarán el desahucio del vecino que adeuda tres años de comunidad y cinco de alquiler, el martes les verán desplegados en la estación de autobuses controlando las salidas y llegadas de pasajeros de toda índole y condición, el miércoles estarán velando por su seguridad en el mitin convocado por el político empoderado, el jueves les observará realizar un dispositivo estático de control en la carretera de las “carreras clandestinas” que ponen en peligro a los vecinos de su barrio, el viernes serán demandados para apoyar a los servicios sanitarios debido al brote de agresividad que ha sufrido un enfermo psiquiátrico, el sábado será un día duro, tendrán que cubrir la “manifa” de los rebeldes sin causa o con ella y seguidamente, ya de madrugada, estarán velando por la seguridad de su copeo, les tocará practicar la técnica del capotazo al borracho, finalmente, el domingo estarán puntuales para darle protección durante el partido de fútbol del equipo de su alma.
En el párrafo anterior he descrito diferentes servicios a los que la UPR se puede enfrentar en el transcurso de una semana cualquiera, a groso modo, ese sería un paquete básico de actuación, pero la cosa no se queda ahí. Todos los grupos solicitan la colaboración de los policías de las botas, apoyan a las brigadas de extranjería para ejecutar las expulsiones de aquellos que vulneraron reiteradamente las leyes españolas y trabajarán conjuntamente con los grupos de investigación, ya saben, los de la “secreta”, para abrirles el camino que desemboca en el hallazgo de la droga, el arma o el peligroso reclamado por el sistema de justicia. Si las circunstancias de servicio lo requieren, también acudirán para atender al ciudadano que precisa ayuda urgente, en este caso reforzarán a los grupos de atención al ciudadano, los “zetas” de toda la vida.
Les pido encarecidamente que no se distraigan, las funciones continúan. Estás unidades nacieron, entre otras cosas, para hacer frente al orden público de baja intensidad, de nuevo se frivoliza con la terminología, los especialistas en la materia saben que calcular la intensidad del orden público sirve de poco, el ser humano pasa de la amabilidad a la agresividad en espacios muy cortos de tiempo y los que empezaron a intervenir cuando la situación estaba en calma tendrá que continuar cuando se ponga tensa, el relevo de las unidades de la “alta intensidad” no llegará a tiempo para actuar y no les quedará otra alternativa que aumentar el ritmo de su respuesta, es el momento de hacer frente a un «marrón» que según la teoría no les corresponde . Continúo con el despliegue competencial, existen lugares y acontecimientos que requieren y precisan refuerzo policial, conocerán la zona del Campo de Gibraltar y habrán escuchado hablar de las diferentes cumbres en las que se reúnen los mandatarios que salvarán nuestro convulso planeta desde las mesas adornadas con buenos productos alimentarios. Seguro que también son capaces de extraer de su memoria aquel barco adornado por un “piolín”, el cuartel general en el que estuvieron alojados estos hombres y mujeres debido al capricho temerario e impune del actualmente fugado de la justicia y sus cobardes secuaces, todos indultados o casi amnistiados a cambio de garantizar la existencia de un gobierno inmoral que practica sin ningún pudor la discriminación de las fuerzas del orden estatales para favorecer a las autonómicas. En todos estos lugares estuvo y está presente la UPR, esa presencia conlleva que estos policías se vean obligados a ausentarse de sus hogares de manera periódica, algo que repercute a su estabilidad familiar y que hacen de manera decorosa a cambio de unas desfasadas dietas de manutención que provocan carcajadas por no decir llantos.
Algunos dicen que es la hermana pequeña de la UIP, una unidad diferente, a la que usted seguramente conozca como “los antidisturbios”, son los doctorados en el control de masas, una referencia mundial en la materia que garantiza el desarrollo de una óptima convivencia en nuestras calles, algo que parece sencillo pero que es realmente complejo, ya que vivimos en entornos demasiado polarizados que aparentemente van en aumento, espero equivocarme, pero la situación geopolítica actual no augura un futuro prometedor. En lugar de la hermana pequeña, hay quien prefiere llamarla “UIP LOW COST”, el producto a bajo coste que siempre ofrece buen resultado, el comodín para todo, el recurso sobreutilizado distinguido recientemente con el casco azul de la línea amarilla, un distintivo otorgado por su brillante trayectoria, los condecorados comprenderán la ironía.
La UPR es una unidad no especial pero si especializada según los manuales operativos , una nomenclatura ambigua que la arrastra a la indefinición, el escenario donde se permite el uso de la arbitrariedad como método universal de resolución de conflictos laborales y que incentiva como respuesta el ofrecimiento de la puerta de salida para todo aquel que discrepe de las condiciones pactadas y sin embargo no regladas. La ausencia de regalmento o la imprecisión del mismo no suele beneficiar al guardia, más bien suele ocurrir lo contrario, digo suele, porque existen excepciones.
Las jornadas de formación serán frecuentadas por los policías pertenecientes a la llamada unidad especializada, a la que no se atreven a cambiar de nombre y definir como especial por un único motivo, la recalificación conllevaría un coste económico y una definición clara de competencias que no conviene asumir a los que reparten el juego , prefieren piezas baratas, manejables y universales. Vuelvo a referirme a la formación, ya que también es algo que forma parte del cometido asignado a estas unidades. Me parece una idea excelente fomentar la instrucción, somos lo que entrenamos y debemos estar actualizados, pero considero que eso debería ser extensible y exigible a todos los policías, sin excepción alguna, no solo a los “porrudos” de la comisaría.
Me consta que la mayoría de los policías de estas unidades están orgullosos de pertenecer a las mismas, son atractivas y dinámicas, lo demuestran con sus actuaciones diarias, desde la prevención hasta la reacción. Practican detenciones, incautaciones, auxilios humanitarios, intervenciones de orden público, custodias de presos en los juzgados, implementan seguridad en las inmediaciones de los centros educativos, ofrecen seguridad en los conciertos y en los espectáculos deportivos, despliegan en las cabalgatas y también desfilan en las grandes plazas para ensalzar y reforzar la imagen de una institución que debería ser más cuidadosa en observar, divulgar, proteger y valorar su relevante y destacado servicio.
Espero haberles aproximado al significado de UPR a través de este artículo, acuérdense de que son los que van en furgonetas y los que llevan los pantalones por dentro de las botas, pero no son la UIP, para distinguirlos les han vetado el uso del casco negro. Honestamente, considero que su trabajo no está lo suficientemente reconocido por parte de la administración, ofrecen y exponen bastante más de lo que reciben, es relativamente sencillo ensalzar a alguien en un discurso, aun así, las buenas palabras siempre se agradecen, pero el verdadero aprecio se demuestra haciendo. Si en algún momento tienen dificultades para distinguir a esta unidad, observen el parche que cada uno de sus policías luce en el brazo derecho, en el mismo, apreciarán un águila y una leyenda inscrita en latín que dice: “CUSTODIAM ADSUMIMUS ET ORDINEM REDIGIMUS”. Tengan presente que el águila no se rendirá ante el tamaño y la fuerza de su presa, únicamente necesita estar bien alimentada, los mandatarios tienen la última palabra, yo lo tengo muy claro, jamás la dejaría pasar hambre.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto