Opinar desde el odio, invadido por el desconocimiento, impulsado por un protagonismo grosero, amparado por un director sin méritos para dirigir, el cual es graduado en complacencia vomitiva con mención especial en arbitrariedad y falta de escrúpulos y con un máster internacional en graves falacias, es un acontecimiento realmente desagradable, un pecado contra la inteligencia que ofrece un nivel de calidad paupérrimo, no apto para personas dignas, cuyo objetivo principal en su consumo televisivo es estar informado de manera objetiva y poder consultar opiniones plurales nutridas de una formación previa en la materia, todo ello desarrollado en un contexto protagonizado por el respeto.
La televisión pública no puede emitir programas sesgados y ocupados por personal doctorado en ignorancia y alimentado de malicia, debe haber unos filtros de calidad previos que excluyan al vulgar y al chabacano, es una blasfemia pagar con dinero público a este tipo de desinformadores y manipuladores de la realidad que reivindican la libertad de expresión para ellos mismos a la vez que se la restringen al que piensa de manera diferente. Los platós del ente público no pueden estar ocupados por seres humanos que cobran cantidades insultantes de dinero por expresarse mal y argumentar peor, un dinero que sale de nuestro bolsillo y que están utilizando para ejercer el engaño con ensañamiento y alevosía con el fin principal de favorecer una causa que rebasó hace mucho tiempo los límites de la política para instalarse en el barrio de la corrupción, un lugar donde la legalidad y la moralidad se ajustan a las necesidades del tirano que dirige la orquesta y que necesita del indulto del militante radical para salir del estercolero que construyó con sus propias manos.
Seguro que ustedes recordarán que la 2 de televisión española se utilizaba frecuentemente para emitir contenidos de calidad. La cultura, la naturaleza o la literatura eran temáticas habituales, no se aspiraba a conseguir grandes audiencias, el adoctrinamiento no tenía cabida y se incentivaba el pensamiento crítico. Es hiriente observar como un programa carente de líneas éticas se ha instalado en una cadena cuya esencia inicial no tiene nada que ver con esta deficiente y arbitraria propuesta actual, cuyo signo distintivo es aplicar una moderación dirigida a un interés partidista y totalmente desequilibrada que crea realidades inventadas a través de informaciones carentes de rigor y de tertulias que únicamente incentivan espectáculos bochornosos, protagonizados por personajes que están dispuesto a todo excepto a someterse al rigor, a la veracidad y a la profesionalidad, hablan mucho y saben poco, estamos ante los maltratadores del periodismo de calidad, son asalariados especializados en la telebasura.
El humor y la ironía son una manera inteligente de estar en el mundo, sin esos ingredientes la existencia resultaría complicada, pero el humor no te habilita para frivolizar con las desgracias ajenas o para insultar a los demás, eso es otra cosa muy diferente que se podría definir como cobardía, tampoco te exime de cumplir las sentencias judiciales y por supuesto, no admite la demagogia, es fundamental distinguir lo brillante de lo repugnante. La igualdad ante la ley es un principio básico que se debe respetar, la policía tiene la obligación de dar cumplimiento a los mandamientos judiciales, si no lo hiciera estaría prevaricando y para eso ya están otros. Alegar desconocimiento, insinuar falta de proporcionalidad o declarar que una intervención policial busca obtener notoriedad con el fin de degradar la imagen de una persona reclamada por la justicia, es demostrar arrogancia y soberbia, dejando patente que defiendes la aplicación arbitraria de la ley a la vez que consideras que puedes hacer lo que te salga de los “cojones”, que gozas de una impunidad concedida por la pertenencia a un grupo de comunicación afín al régimen que está generosamente subvencionado por el mismo, es elevar la pancarta para reivindicar la figura del «progre acomodado» que pregona humildad para después aprovecharse de prebendas y de privilegios, es tener un carnet de identidad que te retrata como clasista sin clase.
Estos profetas del vicio, desertores de la meritocracia y representantes de la mediocridad, cuestionan las decisiones judiciales y los servicios policiales sin ningún tipo de complejo y con ausencia de argumentario, su criterio base es la relación con el afectado y su objetivo final provocar y alterar a sus incondicionales seguidores, son una especie de hooligans en estado de efervescencia que intentan aprovecharse del letargo y del desconocimiento ajeno, carecen del sentido del ridículo, son la infección de un sistema enfermo. Jueces y policías están muy por encima de todo este ejército de chupópteros, sus actividades cotidianas se distinguen por la discreción y la profesionalidad, no necesitan “likes” en las redes sociales, trabajaron para aprobar una oposición y para servir y proteger con orgullo a la sociedad de su nación. Son congruentes, oportunos y proporcionales con carácter general y jamás deben permitirse rebajarse a dar explicaciones a quien no las quiere entender, no deben despreciar, la solución es simplemente no apreciar, estos indigentes morales viven de la atención que se les presta, no caigan en esa tentación, el día que no se les escuche tendrán que ponerse a buscar empleo de verdad. Tengan presente que subirse al tren de la obligación para ganarse el pan y levantarse todos los días a las 7 de la mañana para cobrar 1200 euros y que no te hagan “ni puto caso” es muy duro, algo insoportable para estos comediantes de pacotilla de cuyo nombre no quiero acordarme. Termino recordando que un delito es una acción dolosa o imprudente penada por ley que tiene unas consecuencias para el que lo comete, con independencia de su identidad y de su oficio.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto