Existen situaciones en la vida que sobrepasan a nuestro control, la vulnerabilidad es inherente a la condición humana, los contextos son infinitos y las respuestas a los mismos son incógnitas que no podemos despejar hasta que surgen los acontecimientos. Somos seres emocionales, turbulentos, con humor cambiante y por lo general bastante vanidosos, nos gusta el protagonismo y el acierto, sentirnos queridos y admirados, somos devotos de la abundancia y solemos escapar de la sencillez. Vivimos en un mundo de provocación, la incitación excesiva al consumo acompañada del exacerbado deseo de conseguir los logros de manera inmediata nos conduce a construir personalidades ficticias, vacías y arrogantes, nos otorgamos títulos que no poseemos y demostramos ser quienes en realidad no somos, estamos encantados de habernos conocido y rechazamos invertir tiempo en comprender a los demás.
Poseer mucho dinero no suple la necesidad de afecto, un rico que no reciba cariño probablemente sea un infeliz acaudalado y un pudiente económico carente de refuerzo familiar exhibirá un poder especialmente débil. Tener dinero puede ser una gran trampa, lógicamente, una buena cuenta bancaria facilita el camino de la existencia, pero también puede ser la antesala de la desgracia, he escuchado muchas veces que todo tiene un precio, me parece una afirmación rotundamente vulgar y además falsa, la enfermedad no siempre se cura con los millones y conseguir un buen compañero de vida no se puede comprar en la boutique House of Bijan de Beverly Hills, por eso yo me considero rico, tengo salud, unos hijos maravillosos y la mejor compañera de vida, aunque realmente no tenga un “puto” euro en el banco.
Encontrarse con uno mismo es una compleja tarea al alcance de muy pocos, somos expertos en ponernos las cosas difíciles, la culpa de ello la tiene algo que se llama comparación, todo el santo día mirando al de al lado, tremendo agotamiento, un vicio ansioso amigo del estrés, la epidemia del siglo XXI, se nos olvida que la vida se acaba y qué no es demasiado larga, pero nos gusta ser estúpidos y malgastar el tiempo en idioteces, piensen en lo peligroso que podría ser un idiota con dinero, se me viene a la cabeza el “señor” que tiene el yate más caro del mundo, la barriga más prominente, la soberbia más desarrollada y que a su vez no sabe ni atarse los cordones de los zapatos de charol y además padece una disfunción eréctil provocada por su adicción a la farlopa que no le permite ser el macho alfa de la manada, pobrecillo, tan duro por fuera y tan roto por dentro, un rico idiota vulnerable que seguramente se arrepintió de no haber aprendido a atarse los cordones de los zapatos en su debido momento.
Las cosas que se escapan de nuestro control pueden ser numerosas, para algunas personas la vida es una broma estúpida y cruel que alguien nos ha gastado, como apuntó León Tolstói, es posible que tengan razón, el ansia, el orgullo, la codicia, la lascivia, la ira o la venganza son aspectos tan propios de los seres humanos que se han normalizado y forman parte del paisaje cotidiano que nos rodea, el engaño se observa como un medio legítimo para conseguir un fin. Alcanzar los objetivos de forma digna, honesta y meritoria ha pasado a ser objeto de mofa y de pereza, un ejemplo claro de ello lo tenemos instalado en el poder ejecutivo de nuestro país, nuestros gobernantes están proyectando hacia nuestros hijos una imagen nefasta, les transmiten con su ejemplo que el poder, el dinero y la mentira deben ser sus principales prioridades vitales, para ellos la corrupción es considerada una buena praxis ya que les ha posibilitado aumentar velozmente su patrimonio personal sin demasiadas consecuencias negativas. Usted, probablemente, seguirá votándolos por miedo a que venga el lobo, pero el lobo lleva sentado en su mesa robándole el pan demasiado tiempo. Tengo la sensación de que en ocasiones nos sentimos orgullosos de ser estúpidos y de que nos oponemos a la razón de manera sistemática, me gustaría conocer el motivo, es enigmático que no se penalice el comportamiento criminal de los que ostentan el poder de la nación y que se siga permitiendo emitir en horario infantil el contenido, cruel, obsceno y degradante de estas despreciables hazañas.
Este texto aborda las situaciones escapistas del control, hace alusión a la flexibilidad de la voluntad, refleja lo arrolladores que son los instintos naturales y exhibe las distorsiones que provoca la necesidad, somos animales, algunos dicen que racionales, pero yo no estoy tan seguro de ello, de que somos animales no tengo dudas, pero lo de la racionalidad es algo más complicado de demostrar, somos más bien interesados, capaces de decir una cosa y la contraria, mamíferos pedantes con un teléfono en la mano, abrasamos al prójimo con mensajes innecesarios y con apariciones inoportunas, cualquier momento es válido para utilizar los circuitos comunicativos, 24 horas 365 días. Somos plenamente sumisos y actuamos al dictado de la pequeña pantalla, nos ha robado parte de nuestro tiempo libre y nos ha restringido la libertad. Soy consciente de que alguno no sabría qué hacer con su vida si no dispusiera de un terminal telefónico, somos fugitivos del aburrimiento y con ello restamos oportunidades a nuestra creatividad. Deberíamos invitar más a nuestras parejas a cenar o salir a ver las estrellas por la noche como alternativa a estar manipulando compulsivamente el smartphone, hazlo por ti y por respeto a tus potenciales interlocutores, es posible que estén colapsados o incluso indignados, con unas inmensas ganas de lanzar el móvil lo más lejos posible, al estilo de sobaquillo, de abajo hacia arriba, de manera informal y con energía infantil, a ver si de esa manera se eliminan de golpe los 350 mensajes que aparecen en la bandeja de entrada y consiguen evitar el maltrato de su atención para poderla dirigir hacia espacios más ilustrativos y gratificantes. Compartir excesivamente tus obsesiones sin control demuestra que simplificas tu vida demasiado, es importante recordar la existencia de los numerosos terrenos apasionantes que podemos explorar, seguramente nos ayuden a aproximarnos a nuestra plenitud personal y a diversificar nuestras preferencias, algo muy sano.
Controla tu mente, esa frase me apasiona, me parece el antídoto más eficaz ante las acciones que nos afectan y que sin embargo, no podemos cambiar, se trata de construir un buen método que nos permita aislarnos del despropósito ajeno, de aceptar la realidad, de asumir que existen factores que no podemos modificar con nuestro comportamiento, algún día nos dijeron que podríamos tocar el cielo con la punta de los dedos pero hemos comprobado que está demasiado alto. La ilusión descontrolada te puede conducir al delirio, podemos conseguir muchos avances e incluso llegar a modificar las malas inercias, pero llegar a todo es realmente imposible e innecesario, tenemos que asumirlo desde el trabajo, la perseverancia y la sensatez, aceptando que la vida es demasiado grande y nosotros infinitamente pequeños, la solución pasa por aceptar y aceptarse, quizá sea una quimera, pero yo estoy convencido de la eficacia que supone controlar tu propia mente, por ello, reivindico un mundo lleno de imperfectos que sepan controlarse.
«EL ÉXITO ES INTENTARLO»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto