En España un cuñao, además de ser una categoría familiar, es un término que se utiliza para definir una forma de ser y una manera de estar, es aquel que tiene soluciones para todo, el que parla mucho y sabe poco. Un cuñao, puede ser cualquier hombre o mujer dispuesto a opinar compulsivamente sobre cualquier tema, un ser ansioso que tiene incontinencia verbal y una nefasta relación con el silencio. Estamos ante un hedonista que goza con sus vagos argumentos, un casi intelectual que huye de la brillantez y está especializado en la mediocridad, un chistoso sin gracia que no aprobaba en el colegio porque le tenían manía los maestros y que suspendió la oposición a juez porque tuvo la mala suerte de quedarse dormido el día del examen.
El cuñao revienta sistemáticamente el chat del WhatsApp familiar, laboral o vecinal, está especializado en la invasión de Ceuta, conoce como nadie las fases del eclipse y provoca que te bebas cuatro vinos consecutivos a la velocidad de la luz para intentar anestesiarte la cabeza y protegerte del dolor que provoca su charlatanería incontrolada, nunca deja pasar el turno de la palabra y hace que te conviertas en un especialista en maniobras escapistas de megalómanos y mesiánicos. Tu que no quieres convencer a nadie de nada y él intentándote convencer de todo, cada vez tienes más claro que añora y necesita el protagonismo que en su casa no le conceden, al margen de pasar el aspirador y tirar la basura por las noches.
El cuñao sacrifica la verdad a favor de su protagonismo, despierta recelo y es un incompetente social, su expresión facial contradice sus afirmaciones y abusa de la frase “qué hijo de puta”, la utiliza en el elogio y en el desagrado de manera sistemática y desproporcionada, es una forma de realzar su autoridad tertuliana, suele ser el perfecto sobreactuado doctorado en victimismo. Es íntimo amigo de los tópicos, de las frases hechas y de los prejuicios, perezoso para razonar y piensa que una mentira repetida cien veces se convierte en algo cierto. Es un apasionado del olvido, del error o del despiste ajeno, son aspectos que le abren la ventana de la oportunidad para intentar dejar en evidencia al prójimo. Acude puntualmente donde no le llaman y participa donde no le corresponde, propaga con descaro sus inexistentes méritos y tiene aspiraciones divinas, es el eterno personaje que anhela mandar por encima de sus posibilidades.
Es un usurpador de ideas, una copia mala del original, un hipócrita huero con una oratoria deficiente, un plasta, un pesado, un bocazas, un soplón, un chivato o una cotorra, no sabe que las palabras se deben gastar con sensatez, como si fueran dinero. Es un creador de ruido incesante, una categoría superior de lenguaraz que intoxica las conversaciones, un ser sin escrúpulos sintácticos, gramáticos o semánticos con adicción a los emojis, un escaparate de exhibicionismo que emite sonidos cacofónicos.
No saber cerrar el pico es un gran problema, un cuñao no sería ni siquiera consciente de la importancia que tiene ejercer el derecho a guardar silencio en el caso de traspasar las líneas rojas de la legalidad y estar sentado por ello en el banquillo de los acusados, seguiría ejerciendo la verborrea descontrolada y poniéndoselo excesivamente fácil a sus interrogadores, convirtiendo la emisión de sus gruñidos en veneno para su propio cuerpo. Es un devoto de persistir en el despropósito y un gran apasionado de la torpeza, es considerado el objetor de la mesura por excelencia.
Negarse el verbo puede equivaler a una falta de respeto, castigar con el silencio puede ser más cruel que hacerlo con las palabras, pero en ocasiones, el silencio puede resultar especialmente ameno y sobre todo necesario, principalmente cuando tienes un cuñao al lado que te está bombardeando, seguro que en ese delicado y peligroso momento estarás deseando que venga el rey emérito para decirle aquello de “¿por qué no te callas?”
«EL ÉXITO ES INTENTARLO»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto
Cierto!!!!!!