La aptitud sumada a la actitud es lo que define nuestro conocimiento, pueden observar que una letra separa dos conceptos. Tener habilidades y mostrar una actitud inadecuada sirve de poco, sin embargo, una buena predisposición siempre multiplicará positivamente nuestro nivel de respuesta. El altruismo representa la máxima expresión de la virtud policial, un policía debe acudir al lugar del que los demás huyen, algo que se debe tener muy presente desde el momento en el que se decide dedicarse a esta noble profesión. La razón expuesta es en la mayoría de los casos lo que motiva la elección de este oficio, pero si alguien no tuviera adquirida aun esa convicción, puede consultar el artículo 5 de la Ley Orgánica 2/86 y podrá visualizar el desglose de los principios básicos de actuación relativos a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, en ese espacio podrá despejar sus sospechosas e inexplicables dudas. Siempre será mucho más práctico y digno tener asumido ese compromiso desde la propia mentalidad que tenerlo que adquirir por la imposición de una norma, pero desgraciadamente, siempre hay algún rezagado que se hace el «remolón», seguro que me entienden, son los que los días 28 de cada mes reclaman insistentemente el ingreso de la nómina a la vez que piensan que al malo ya lo castigará Dios porque ellos nacieron para otra cosa, no se han percatado de que mañana puede ser su hijo el que necesita ayuda y es probable que Dios ese día esté de asuntos propios.
Dirigirse al lugar de la huida conlleva un riesgo que todo policía debe asumir, el riesgo repercute de múltiples maneras en cada individuo, el estrés afecta y condiciona notablemente nuestra manera de actuar, lo que hacíamos de manera brillante en momentos de paz y tranquilidad ahora no nos sale, nuestros músculos se agarrotan, el corazón late demasiado deprisa y nuestra mente se empieza a colapsar con pensamientos intrusivos. No es agradable tener que aproximarse hacía el fusil portado por un enajenado o al cuchillo empuñado por un desequilibrado, es impactante sentir y observar la ira desbordante del prójimo y saber que su control depende de tu intervención. Quizá piensen que estoy exagerando, que estas cosas solo ocurren en otros lugares, pero no es así, son incidentes poco frecuentes que pueden surgir en cualquier lugar donde habite un ser humano, especie distinguida por su racionalidad y que a su vez y aunque parezca incongruente, puede transformarse en el ejemplo más claro de irracionalidad.
Es importante desarrollar la conciencia situacional, mentalizarse de que existen escenarios complicados, sucesos cuya resolución supondrá un desenlace trágico. Un día te enseñaron a utilizar técnicamente un arma de fuego, posteriormente te entrenaste mucho, poco o nada para tener destreza en su manipulación y adquirir seguridad en su manejo, pero apenas te hablaron del momento clave, aquel en el que esa herramienta es imprescindible para solucionar el conflicto, cuando tienes que desenfundar, apuntar y probablemente disparar. Nunca imaginaste que eso podría pasar, pero el destino te eligió cuando menos te lo esperabas, es el momento de neutralizar la amenaza e intentar garantizar la integridad física de los allí presentes o la tuya propia, no existe otra alternativa, actuar o morir, cualquier resultado te dejará secuelas emocionales porque neutralizar a una persona no tiene que ser nada agradable, pero tiene que ser peor vivir con el remordimiento de no haber hecho todo lo que estaba en tus manos porque hasta ese instante no fuiste consciente de que un policía porta un arma con una finalidad, proteger y protegerse y tiene que estar preparado para ello. No me digan que desconocen la simple y la doble acción y la pieza de retenida, tampoco me cuenten que ignoran el número de cartuchos que pueden alojar en sus cargadores y por supuesto, no me comenten que desconocen si está habitada su recámara. No se trata de ser un tirador excelente, simplemente son conocimientos básicos que todo agente del orden debería tener, seguro que no admitirían que la enfermera les pinchara de manera equivocada o que el cirujano que va a operar a su padre no supiera utilizar correctamente bisturí.
La Congruencia, la oportunidad y la proporcionalidad, son totalmente compatibles con la utilización de un arma de fuego, no hay que escudarse en el falso planteamiento de que el empleo del armamento va a suponer el fin de una carrera profesional, estoy cansado de escuchar teorías sin argumentos que realmente son escusas que intentan justificar un desinterés. No he conseguido leer ninguna sentencia judicial que haya condenado a un policía por haber hecho un uso correcto de su arma reglamentaria. Vivimos envueltos en bulos alimentados de ignorancia y divulgados por aquellos que sienten poco o ningún orgullo por vestir el uniforme que les da de comer. Es imprescindible ser consciente de lo que eres y de las obligaciones que conlleva tu función, no puedes olvidar que eres un profesional de una corporación armada. Todos sabemos que la calle es complicada y exponerse al comportamiento violento es una gesta muy difícil, la labor policial es igual de ardua que de apasionante. La mayoría de las veces se intentan hacer las cosas de la mejor forma posible, pero nunca se está exento de la aparición de contratiempos que pueden complicar las cosas, como ocurre generalmente en la vida. Es cierto que el desempeño policial está sujeto a la mirada atenta del conjunto de la sociedad y que lleva implícito la exigencia de la excelencia como respuesta ante la demanda de la ciudadanía, pero no deberían sorprenderse si observan a un policía inmerso en un accidente, del tipo que sea, piense que es un ser humano como usted que en la mayoría de los casos pretende servir con determinación e inmediatez y desea reducir al mínimo el tiempo de respuesta para poder auxiliarle, aunque en ocasiones ese comportamiento pueda volverse en su contra.
El objetivo principal de este texto es despertar conciencia de la posibilidad existente para cualquier policía de tenerse que enfrentar a una amenaza armada, soy un defensor del empleo progresivo de medios como medida principal de reacción, se deben aplicar las medidas menos lesivas pero sin perder nunca de vista la proporcionalidad, eso significa que si nos atacan con un cuchillo no podemos reaccionar con la defensa, ni exclusivamente con un inmovilizador eléctrico, porque estaríamos dando demasiadas facilidades al agresor para que consiga su objetivo, provocar muertes, incluida la nuestra. Considero que es exigible asumir la responsabilidad que conlleva portar el «hierro» y que es inadmisible no tener unas nociones fundamentales sobre su manejo.
Me gustaría conocer realmente cuantos policías serían capaces de decidir utilizar la «pipa» como recurso ante una necesidad, creo que en los planes formativos no se abordan suficientemente los aspectos relativos para potenciar una preparación mental adecuada que permita adaptarse a posibles escenarios reales donde la reacción con un arma de fuego deba ser la respuesta natural. En ese contexto las emociones se perturban notoriamente y se debe trabajar para controlarlas . Decía Miguel de Cervantes que las armas tienen por objeto y fin la paz, el mayor bien que los hombres y mujeres pueden desear en esta vida. Cervantes, se estaba refiriendo a los hombres y mujeres honorables, porque el problema de las armas surge cuando las portan los malvados o cuando los que están obligados a utilizarlas son negligentes en su uso o sencillamente lo omiten.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto