Durante estos días habrán podido asistir al gran circo mediático que se ha originado debido a la aplicación de la eutanasia a una joven de tan solo 25 años de edad. Hay determinados medios de comunicación que son especialistas en convertir en espectáculo el drama humano, dejando de lado su esencia, transmitir noticias e invitar a la reflexión sin perder de vista el rigor y la pedagogía. Quizá esté añorando un tratamiento informativo que desgraciadamente es cada vez menos habitual en la sociedad que habitamos, donde el consumo y la inmediatez pisotean frecuentemente al respeto. Se elige la desgracia ajena para obtener notoriedad y se manipulan las emociones para crear audiencia. Análisis demasiado simplistas para situaciones muy complejas, escenarios donde todo el mundo opina con independencia de sus conocimientos, ignorantes e ilustrados se equiparan en la contienda dialéctica obteniendo como resultado la radicalización de un tema que requiere, entre otras cosas, de una especial sensibilidad y de una adecuada formación.
El fallecimiento de una persona insultantemente joven no es ningún triunfo, a esa edad la muerte se suele ver lejana y se piensa poco en ella. Es claramente apreciable que la respuesta social e institucional en su conjunto ha sido deficiente ante la demanda de una imperiosa necesidad, incapaz de evitar un desenlace trágico mediante una exigible intervención previa que hubiera conseguido transformar el dolor y el deseo de morir en ilusión y ganas de vivir. Estamos ante una situación que ha supuesto un punto de inflexión en la forma de percibir la eutanasia, las certezas han sido relevadas por las dudas, este caso ha sido algo inesperado, un supuesto que muchos ciudadanos no lo habían contemplado como una posible realidad y que ha sembrado de confusión las ideas que ya se consideraban fijas.
Esta chica solicitaba morir, quería poner fin a un sufrimiento insoportable, su decisión, según los especialistas, era consciente, firme e inamovible, deseaba ejercer un derecho que las leyes españolas le otorgaban porque tenía claro que las heridas de su alma eran irreparables y finalmente así ocurrió. Las circunstancias a las que tuvo que someterse esta mujer a lo largo de su efímera vida fueron muy duras, especialmente crueles, no las especificaré detalladamente en este texto porque considero que ya se han “manoseado” suficientemente, algunos han sido tan mediocres y miserables que han llegado a fabricar bulos sobre las mismas, son los buitres carroñeros mediáticos que carecen de límites morales. Simplemente haré constar que las violaciones, las negligencias familiares, los centros tutelados y los intentos de suicidio causantes de su paraplejia fueron aspectos que la acorralaron en su tormentoso camino y que colapsaron su mente hasta el punto de padecer una vida indigna que la empujó a solicitar una muerte digna.
Noelia observó en la ley de regulación de la eutanasia su vía de escape, su bálsamo ante la existencia tortuosa y se sometió al complejo procedimiento que conlleva iniciar esta petición. La resolución final fue satisfactoria para sus intereses y es justo reconocer que según la información emitida por voces autorizadas sobre la materia, el fondo jurídico fue correcto y se aplicó escrupulosamente el protocolo establecido al respecto, un recorrido que es especialmente garantista y que da poco encaje a los intereses ideológicos, políticos o religiosos, únicamente, ha estado sujeto al dictamen de la ley de la buena muerte (significado de la palabra eutanasia) que entró en vigor en el año 2021. Hasta la fecha se han practicado más de 1000 casos, también se han denegado otros tantos, aproximadamente el 15% del total de los solicitados. Quiero enfatizar que no estoy defendiendo ni lamentando el contenido de esta ley, evidentemente, como todos ustedes yo tengo mi propio criterio, pero quería dejar patente que el procedimiento aplicado ha sido correcto, sujeto a la legalidad vigente, con independencia de las creencias que cada cual pueda tener.
La progresía vulgarizada de nuestro país, los no creyentes que llevan a sus hijos a colegios religiosos, se ruboriza y descalifica la posición que tiene la iglesia católica al respecto, olvida que simplemente es congruente con sus convicciones, al contrario que ellos. Debemos ser conscientes de que vivimos en un estado aconfesional de tradición católica y que por ello se debe legislar al margen de la religión pero sin obviar a la amplia mayoría de ciudadanos que se consideran cristianos. No estoy diciendo que la ley tenga que tener una servidumbre moral o religiosa, simplemente se trata de tener consideración y respeto con el fin de fomentar una convivencia saludable y de evitar descalificar al que piensa y entiende la vida de manera diferente, este tema merece una profunda reflexión colectiva.
Pienso que evitar la muerte es la razón de ser de la medicina y a la vez considero que la voluntad del ser humano enfermo es algo principal, el compromiso con la calidad de vida debe ser mayor que con la cantidad. Los cuidados paliativos son un gran recurso para acompañar y evitar el sufrimiento y por ello se deben potenciar y dotar de calidad, aun así, debemos reconocer que en muchos casos no es el dolor lo que lleva a solicitar la eutanasia sino el sentimiento de tener una vida indigna. La tecnología médica es una gran herramienta que puede ayudar a prolongar la existencia aunque en ocasiones se puede dar la paradoja de que alargue el sufrimiento.
Existen personas en estado vegetativo que no tuvieron la oportunidad de poder cumplimentar un documento de voluntades anticipadas en el que pudieran haber manifestado su deseo de renunciar al tratamiento que les mantiene con vida pero que no les permite vivir. En este caso sus condiciones físicas les inhabilitan para ejercer un derecho. Hace poco escuché a alguien decir que el mal uso de un derecho no se arregla con suprimirlo, una frase que acaparó mi atención y que la escribo para que saquen sus propias conclusiones.
Hablar desde la distancia es frívolo, juzgar sin ser juez es moda y buscar protagonismo utilizando al vulnerable es una inmoralidad. Ejercer un derecho no es obligatorio, pero el no tenerlo puede suponer una condena. Nuestros principios y valores determinan nuestro estilo de vida y no es un ejercicio saludable omitir de nuestro diccionario la palabra depende, porque nuestras circunstancias condicionan nuestro punto de vista, sobre todo cuando el sufrimiento entra en nuestro hogar. Padecer los hechos en primera persona es lo que provoca sensaciones reales sobre la transcendencia de los acontecimientos, por eso es conveniente aplicar el filtro de la empatía antes de tomar posición, una manera eficaz de eliminar las toxinas que acampan las estrechas mentes de unos irracionales que no son capaces de ponerse de acuerdo ni para pronunciarse sobre algo tan irreversible como es la muerte.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto
Buenísimo! 👏👏 increíble como se plasma en tus palabras el respeto . Un placer leerte !
¡Muchas gracias Nuria!
El respeto es la llave de muchas puertas, un saludo.