Lugar donde se concede la tarjeta que acredita su existencia, el cajón de sastre que atrae los problemas para solucionarlos, la casa del guardia, el paso fugaz del criminal, el cuartel donde luce la bandera más poderosa que existe, un 24 horas de servicio básico, el destino que siempre responde, la antesala de los tribunales, el receptor de sus denuncias, de sus quejas y de sus sugerencias, un aparcamiento oficial difícilmente transitable, un almacén armamentístico, una sala de espera ansiosa, la ubicación donde la exigencia es rutina. Quizá ya tenga una idea del edificio al que me estoy refiriendo, no obstante, seguiré ofreciéndole pistas.
Situado en la proximidad de un río que es el espejo de la ciudad de los saberes, es probable que haya tenido que ir a visitarlo antes de la salida de su hijo al extranjero, el día que utilizaron su tarjeta bancaria sin su consentimiento o aquel mes de agosto que volvió de vacaciones y se encontró su casa “patas arriba”. También es factible que se haya sometido a una larga espera en esas dependencias para poder solucionar un trámite doloroso y que haya sentido una profunda animadversión hacia los encargados de asentar las bases del orden de su sociedad, pero por favor, no dude que la prioridad en ese habitáculo es dar respuesta rápida y eficaz a sus demandas, además, debe tener presente que los recursos humanos y materiales, desgraciadamente, no se suelen multiplicar en función de las circunstancias, aunque en esta noble estancia a veces se consigue.
Garantía por excelencia de la cadena de custodia, salida continua de vehículos que emiten luminosidad y ritmos acústicos camino de la urgencia ciudadana, sonidos procedentes de una galería que sirve para instruir a la fuerza armada, habitaciones con puertas en forma de rejas que son emisoras de olores desagradables provenientes de los cuerpos castigados de los inquilinos que abonaron su estancia forzosa, buzones que desprenden el aroma de las plantas incautadas que la ley no permite tener ni consumir.
En este hogar público usted será recibido con la amabilidad y la profesionalidad de una persona uniformada, protegida por un tabique de vidrio transparente y que conoce a la perfección las idas y venidas de este emblemático punto definido por un número, se trata de un asesor especialista que asegura un acceso controlado y dirigido, tarea importante y no exenta de complicaciones, especialmente, durante esas mañanas en las que el timbre de la barrera no para de alertar, el ruido del teléfono no quiere reposar, los ciudadanos no dejan de llegar y los compañeros no paran de exigir, gracias por vuestro trabajo, espero que todo aquel que atraviese el umbral de la puerta de entrada os salude con respeto y valore vuestro cometido.
Este castillo policial, aloja una amplia “sala de briefing”, otro anglicismo más para la colección, una habitación que si hablara sería una fuente inagotable de anécdotas, aunque quizá sea más conveniente que permanezca callada, sobre todo por aquello del secreto profesional y también, por respeto a la “teoría de los platos sucios”, ya saben, mejor se lavan en casa. Ustedes seguro que son conscientes de que las discrepancias bien enfocadas producen crecimiento y que la perfección es aburrida y poco productiva, sean profesionales, equivóquense, reconozcan el error y trabajen para corregirlo.
Los relevos son acontecimientos diarios que siempre se repiten, unos toman posesión del puesto para dar la entrada en servicio y otros ceden el testigo a los que se incorporan, siempre bienvenidos, pero en ocasiones, ni aun haciendo acto de presencia los entrantes se pueden ir los salientes, la demanda ciudadana no entiende de horas y es habitual ver al guardia darse la vuelta cuando está de camino a la taquilla, el cumplimiento del deber se respeta escrupulosamente entre esas paredes, existen situaciones que no pueden esperar y se actúa con rigor y en consecuencia. Sobre los horarios de las incorporaciones y las salidas no se debe proporcionar información, al “choro” no hay que ponérselo fácil y debe saber que los coches azules pueden aparecer en cualquier momento y en todo lugar, no son dioses, pero casi.
Desconozco el motivo por el que se llama Punto 40, quiero pensar que es porque 40 viene de 4, y 4 son los puntos cardinales y aunque nunca hay que perder de vista el norte, en ocasiones hay que apuntar también al este, al oeste y al sur, en esta casa no se excluye a nadie, a todo aquel que acude se le atiende y se le escucha, aunque algunos piensen lo contrario.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto