Vivir es decidir, nuestra capacidad de decisión determina nuestra existencia, las decisiones pueden ser activas o pasivas, hacer o no hacer, el paso del tiempo marcará el acierto o el error. La decisión de la llegada a este mundo no la adoptamos nosotros y seguidamente, durante los primeros años de nuestro ciclo vital, estuvimos sujetos al deseo ajeno, hasta que llegó la etapa de la elección, me explico, de apostar por estudiar, hacer deporte, fumar, beber alcohol, consumir drogas o coger el camino opuesto, el momento de subirse al tren con destino a la evolución o comprar los billetes para sentarnos en los vagones con dirección a la decadencia.
Un médico decide operar a un paciente, un juez decide condenar a un delincuente, un policía decide detener a un criminal. El acto de la decisión conlleva estar informado, praparado y también requiere dosis de valentía, coger una senda significa renunciar a otra, admiro a las personas que poseen facilidad para tomar decisiones relevantes en cortos espacios de tiempo, supongo que la clave es saber gestionar el riesgo, estar dispuesto a equivocarse al mismo tiempo que se deposita una elevada dosis de confianza en uno mismo, pertenecen a la especie de los resolutivos. Existen decisiones que pueden esperar, pero hay otras que exigen inmediatez, apenas permiten una mínima reflexión, una breve consulta, en ellas no cabe la duda porque puede estar en juego vivir o morir, en sentido literal y también en sentido figurado, porque hay decisiones que no apagan las constantes vitales, pero te dejan sin vida, imaginen al adolescente que eligió a la pareja equivocada y que de adulto no tuvo la capacidad de desvincularse de ella aunque le hacía la vida imposible, esa mala decisión le condenó a no poder ejercer su derecho a decidir y le empujó al sometimiento permanente.
Las personas vamos modificando nuestra mentalidad con el paso del tiempo, por eso, es frecuente que las decisiones del pasado no sean coincidentes con las que tomaríamos en el presente ante idéntica situación, el pasado no se puede modificar, aun así, puede ser una excelente fuente de aprendizaje que no debemos desaprovechar. Ustedes piensen en aquellos que se angustian por decidir el color de la camiseta que se quieren comprar y ahora piensen en el policía que tiene delante a un enajenado amenazándolo con firmeza con un cuchillo y debe decidir dispararlo. Es difícil comprender como dos acciones tan dispares pueden llegar a provocar niveles elevados de angustia en el ser humano, lo irrelevante que es el color de una camiseta y lo transcendente que es una vida humana solo se comprende cuando la vida desaparece, cuando acontece lo irreversible, cuando asoma la tragedia, cuando comprarte una camiseta es imposible porque el corazón dejó de latir, discúlpenme por la extrema comparación.
Un agente del orden tiene la potestad de privar de derechos y libertades ante determinados acontecimientos, está obligado a decidir de manera instantánea, con unas comprobaciones mínimas, sin excesivas deliberaciones y en medio de un escenario hostil la suspensión temporal de la libertad de movimientos de un sujeto que presuntamente ha cometido un hecho de carácter delictivo, un ejercicio de responsabilidad que no permite respuestas arbitrarias, que exige neutralidad, conocimiento y que debe respetar la presunción de inocencia, una actuación igual de complicada que de imprescindible. El Código Penal describe acciones y omisones delictivas, pero cada suceso es diferente, tiene unas particularidades que se deben encajar en un artículo concreto y no siempre resulta sencillo, algunos pensarán que eso es la esencia de la labor policial, decidir ante el problema, no les falta razón, pero tengan presente que no existen respuestas universales, que la ambigüedad dificulta la tarea y que no hay dos casos idénticos, decidir con urgencia no es equivalente a decidir de manera sosegada entre las paredes de un despacho donde reina la calma, desde ese lugar el crucigrama se hace mejor y opinar es insultantemente cómodo.
Qué me dicen de aquellos que deben decidir y no deciden o de aquellos que deciden por encima de sus posibilidades, los primeros hacen una dejación de funciones por vagueza o por incompetencia a la vez que no renuncian al sueldo por no hacer lo que les corresponde por obligación, los segundos son sencillamente unos pedantes difícilmente soportables que no fueron colocados en el lugar que les corresponde, su pasión es mandar y su defecto obedecer, saben de todo y quizá no entiendan de nada, se aman a sí mismos por encima de todas las cosas, son los que cuando llega el momento de pagar la ronda tienen ganas repentinas de ir al baño.
La compleja tarea de decidir nos acompaña a diario, algunos se ponen en manos de Dios, cada uno con el suyo, otros se ponen detrás del compañero para que no les muerda el perro, no saben que los perros huelen al tirano y rehúyen de morder al honesto, aquel que avanza asumiendo que la jugada puede salir mal, que sabe que decidir es vivir y que vencer es arriesgar. Arriesguen con inteligencia, no permitan que otros decidan por ustedes y apliquen el trabajo y la humildad en sus actos, una elección que nunca falla. Asumir que somos el producto de nuestras decisiones es la primera lección que debemos aprender.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto