Piensen en un servicio secreto de Estado cuyo fin principal es obtener información que ayude a garantizar la seguridad nacional, desempeñado por personas capaces de sobreponerse a circunstancias radicalmente adversas, con una gran habilidad para descubrir la vulnerabilidad del ser humano en cortos espacios de tiempo y con la destreza suficiente para convertir a desconocidos en banqueros y obtener de una simple conversación un cheque en blanco. Visualicen a alguien que es capaz de modificar su imagen con la pericia de un mago, que manipula las transmisiones con la misma brillantez con la que un director de orquesta maneja la batuta, donde unos escuchan ruidos ellos componen melodías de comunicación. Imaginen a sujetos que tienen el ojo de un halcón y la sombra de un fantasma, a expertos en capturar lo que nadie ve sin que nadie les vea y a individuos que descubren puertas abiertas donde otros solo aprecian barreras. Supongan que tienen delante a alguien que cruza fronteras con la misma naturalidad con la que cambia de lengua, que lleva un comodín guardado para cada pregunta que le hacen y que utiliza el código morse con la precisión de un tirador selecto.
Es muy probable que ya sepan a quién me estoy refiriendo, aun así, seguiré ofreciéndoles pistas. Equipos de trabajo formados por policías nacionales, guardias civiles, militares y personal civil, cuyos homólogos en otros países, pertenecen a la CIA, al Mossad o al MI6. Se complementan con satélites pero su presencia en el terreno es fundamental, tienen una ley no escrita que dice: “quién nos mata muere” y en algunas ocasiones se ven obligados a lavar los trapos sucios de sus respectivos gobiernos. Me pongo en el lugar de ellos y llego a la conclusión de que con el panorama político actual del Gobierno español su labor tiene que ser especialmente complicada además de ingrata, agentes con un elevado nivel de cualificación y compromiso intentando taponar una hemorragia mortal de corrupción irreponsablemente señalados. No se dejen engañar por favor, el CNI lo sabe todo, está integrado dentro del Ministerio de Defensa y trabaja para dotar de información al Presidente del Gobierno; otra cosa bien distinta es lo que este haga después de haber sido puntualmente y rigurosamente informado. Lamentable, hemos tenido ocasión de comprobarlo recientemente.
Analistas, traductores, intérpretes de lenguas, expertos en tecnologías de la información y ciberseguridad, ingenieros y otros profesionales distinguidos por la discreción y por la vocación de servicio público forman parte del Centro Nacional de Inteligencia, antiguo CESID. El Gobierno español nos quiere hacer creer mediante un relato pusilánime que estos hombres y mujeres honrados no anticiparon en tiempo y forma la trágica invasión que se iba a producir sobre España provocada por Marruecos, es imposible que nuestros servicios de inteligencia no estuvieran al corriente de la situación, realmente imposible, poner en duda ese aspecto es una aberración inadmisible.
España tiene numerosos espías en Marruecos, de la misma manera que el servicio de inteligencia marroquí los tiene en España, quizá estemos ante el despliegue más numeroso de agentes secretos extranjeros que existe en nuestra nación, quieren conocer el funcionamiento y las decisiones de nuestro gobierno y se ocupan fehacientemente de ello, “a Pegasus pongo por testigo”. Existen los agentes diplomáticos, representantes oficiales de un Estado acreditado ante otro país, nosotros los tenemos en Marruecos, obviamente, pero además, existen otros grupos conocidos popularmente como espías “ilegales”, enviados a los diferentes rincones del planeta para obtener información, pertenecen al servicio secreto, la diferencia es que su actuación transcurre al margen de la oficialidad, una práctica extendida y aprobada en todos los países. No se vayan a creer que entre los territorios aliados no existe espionaje, pueden informarse sobre la vigilancia que sufrió Ángela Merkel por parte de Barack Obama, la información es poder, el anhelo máximo de todo gobernante, el vicio mortal de la humanidad. Yo deseo y espero que algún día se puedan desclasificar determinados documentos reservados, principalmente, porque es algo inaudito que el gobierno de un país que ha sido invadido le esté dando las gracias sistemáticamente a su invasor, estamos ante una de las falacias más graves de nuestra historia democrática y debemos ser plenamente conscientes de ello, con independencia de las afinidades políticas de cada cual.
Es muy probable que entre la masa descontrolada de invasores que ocuparon Ceuta se encontraran algunos de nuestros agentes infiltrados, no descarten incluso que algún espía pudiera haber hecho la travesía a nado, ellos están en cualquier lugar y ante cualquier circunstancia que suponga una amenaza para nuestro Estado, es su metodología rutinaria de trabajo. Ninguna cabeza en su sano juicio y bien informada puede afirmar que una turba de esas características era ajena al control de los servicios secretos españoles, la medicina preventiva que nos protege de las enfermedades fatales. La tierra seguirá siendo redonda aunque nuestro gobierno se empeñe en convencernos para que la veamos cuadrada, extremen la precaución con la manipulación psicológica porque les pueden provocar graves distorsiones cognitivas.
El CNI tiene una estructura y una solvencia sólida, posee informadores, colaboradores y agentes secretos, sus componentes están obligados a guardar silencio y tienen el don de ser testigos sin dejar huella. Ejecutan labores de contrainteligencia para descubrir las actividades de otros servicios secretos que intervienen en España, realizan funciones de contraterrorismo para desenmascarar a los amigos de la barbarie, disponen de una división operativa para sus múltiples misiones arriesgadas y también cuenta con una división técnica que vigila el espacio y controla exhaustivamente las redes eléctricas. Están sobradamente preparados para efectuar entradas clandestinas y a su vez autorizadas, generalmente, se les permite partir de meras sospechas para dar cumplimiento a actuaciones que pueden llegar a violar la intimidad de los ciudadanos, en señaladas ocasiones su estrategia se basa en realizar un acto inmoral para alcanzar un objetivo moral. No sería nada extraño que el locutorio que utilizan los terroristas para comunicarse entre ellos fuera una empresa creada por el propio CNI con la finalidad de conocer hasta el número de zapatos que calzan nuestros enemigos. Los agentes secretos son demasiado inteligentes para que un simple presidente de Gobierno se permita el lujo de pretender jugar al despiste con ellos, esa osadía debe colocarle en el lugar que se merece, se trata de un acto cobarde de una bajeza sin precedentes. Pedro Sánchez es conocedor del compromiso de confidencialidad adquirido por estos profesionales y del obligado secreto de sus actuaciones, pero se aprovecha vilmente de ello.
Hay trabajos cuyo éxito se mide por lo que se consigue y otros por lo que nunca llega a suceder. Existen amenazas que no se materializan, vidas que no se pierden y peligros que desaparecen gracias a tareas que no se ven. En España vivimos momentos convulsos donde unos han hecho su trabajo y otros se han ido de vacaciones cuando nos estaban invadiendo. ¡Viva el CNI!
EL ÉXITO ES INTENTARLO
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto