EL JUEGO DEL TRILERO

Vivimos en una sociedad en la que las personas nos dedicamos a hablar de demasiadas cosas teniendo escasos conocimientos, una actividad de alto riesgo que concede protagonismo a la ignorancia y ahoga a la cualificación, por ello, es muy común que las falsas ideas  de la realidad habiten de manera constante en las mentes de la población de nuestro maravilloso mundo.

Mensajes exentos de contenido y cargados de manipulación, son una forma de comunicación demasiado frecuente. Nos encontramos en el ciclo de la desinformación, donde la notoriedad y el interés particular desplazaron a la discreción y al bien común, como consecuencia, hemos evolucionado en medios para retroceder en principios.

En este artículo escribiré, entre otras cosas, sobre la falacia del drama, de la mentira, acción que algún mandatario ha convertido en su arte, en su forma de existir, en su manera de estar, seguro que saben a quién me refiero, o quizá no, porque todavía no han descubierto el “juego del trilero”, algo que lamentaría profundamente.

Llevaba tiempo sin publicar artículos, principalmente porque he estado inmerso en otro tipo de actividades que han acaparado gran parte de mi atención, estoy intentando aprender sobre todo lo concerniente al crimen y por ese camino me he encontrado con Marcus Felson y sus nueve falacias, algo que me ha invitado a la reflexión y me ha ayudado a mejorar mi perspectiva sobre el delito y todo lo que le rodea.

El delito está idealizado, esto ocurre porque la temática delictiva es mediática y lo mediático genera dinero, el poder más poderoso de todos los poderes. El profesor Felson desmitifica las ideas preconcebidas por algunas personas que consideran que el delito es una actividad que se produce tal y como nos la cuentan en las numerosas series televisivas. También nos dice que la justicia y la policía no son el único medio para bajar las tasas delictivas, tiene que haber implicación de toda la comunidad para que esto ocurra. Aborda aspectos como la inocencia juvenil, afirma que no todos los jóvenes son seres completamente inocentes, conclusión que debemos tener en cuenta en la planificación preventiva de la delincuencia.

Siguiendo con otros aspectos relevantes, hay que considerar como falsa la creencia de que todos los delincuentes poseen un elevado coeficiente intelectual y que planifican minuciosamente cualquiera de sus acciones, eso no suele ocurrir así. Tampoco se crean que el delito únicamente puede ser atajado desde determinadas  perspectivas morales, políticas o religiosas, hagan un control de los huéspedes alojados en la madrileña prisión de Soto del Real y seguro que lo comprenderán de manera instantánea, estoy convencido que adjudicarán mayor grado de categoría criminal al exministro internado que al toxicómano que delinquió por ser esclavo de una “mierda” de sustancia que arruinó su vida y le desvió completamente de la sociedad, de sus seres queridos y hasta de su propia identidad.

También piensen que el delito es cambiante, que su definición irá acompasada con los tiempos políticos, recordarán términos como sedición, amnistía, malversación, seguro que  se les viene a la cabeza la imagen de algún prófugo de la justicia reunido con alguno de los creadores del juego del trilero. Determinados mandatarios piensan que los delincuentes son otros, que ellos están exentos de esa clasificación, perdieron la conciencia de la realidad, consideran que la sociedad que dirigen no es su sociedad, porque viven en la esfera de la indecencia, son los delincuentes más peligrosos, cambian las reglas de la partida en cualquier momento, pero acabarán siendo detectados y rindiendo cuentas ante la justicia, la UCO les «pilló» haciendo trampas. Son una muestra clara de que todos convivimos en el mismo espacio y que el poder  puede ser un gran factor de riesgo para ejercer la delincuencia.

Las explicaciones de Marcus Felson son poderosas, el delito se produce día a día en el transcurso de nuestras actividades cotidianas, delincuentes y no delincuentes compartimos calles, actos institucionales, platós de televisión o debates parlamentarios. Las oportunidades pueden hacer que el no delincuente comience a serlo. No es difícil que se dibuje un triángulo cuyos vértices son alguien motivado para delinquir, un objetivo propicio para atacar y la ausencia de un guardián que pueda protegernos, la carencia de alguno de los dos primeros vértices o la presencia del tercero sería suficiente para evitar que se trace el polígono del delito.

Decía Benjamín Disraeli que existen tres tipos de mentiras, “mentiras pequeñas, mentiras grandes y después están las estadísticas”. Las estadísticas son una gran herramienta para representar y analizar la realidad, pero por desgracia no la suelen reflejar de manera fehaciente, suelen estar sesgadas y manipuladas, también en lo referente a la materia criminal. Está claro que la mejor representación de la realidad es la realidad misma, algunos tenemos la suerte de percibirla en primera persona, convivir con ella en determinadas facetas, pero existen muchos ciudadanos que solo conocen lo que les cuentan, por respeto a ellos, no es admisible fabricar más criminalidad de la existente, tampoco omitir acontecimientos criminales, lo importante es alcanzar cotas de seguridad aceptables para lograr una óptima convivencia. Maquillar la realidad es una mediocridad absoluta, no sean cómplices de los manipuladores porque inventan el escenario que a ellos les interesa, son el grupo especial del juego del trilero.

2 comentarios en “EL JUEGO DEL TRILERO”

  1. José Antonio de Diego María

    Que desagradable sensación es darte cuenta de que formas parte y que te ves involucrado contribuyendo sin quererlo a esas estadísticas irreales e interesadas , pero que en muchas ocasiones terminas cayendo porque es tán agresivo el engranaje que las sustentan que terminan cuestionando hasta tu prestigio profesional.

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