Me pregunto si una de las obras artísticas más conocida de la historia, concretamente, el cuadro de la Mona Lisa, hubiera sido exitosa en un escenario de la actualidad como Instagram. Mi deseo es que hubiera arrasado, este cuadro representa belleza, serenidad y equilibrio de una manera única, se trata de una imagen que proyecta en la mirada que se posa sobra ella un gran impulso emocional, cuando es observada no deja indiferente, su lograda discreción te atrapa.
Conocer como hubiera sido el comportamiento del algoritmo ante la publicación de esta pintura es una gran incógnita, aunque todos sabemos, que las publicaciones que requieren de un mínimo tiempo para ser vistas, analizadas y valoradas no suelen ser las más exitosas, estamos dominados por la inmediatez y dispuestos a obviar la calidad. No creo que el señor algoritmo, juez del “Insta”, desprecie el arte, o quizá sí, lo que es seguro es que fue educado para conseguir usuarios consumistas que inviertan la mayor parte de su tiempo en estar atrapados en esta comunidad, reclutas esclavos de contenidos superfluos.
A las redes sociales y a las diferentes plataformas digitales, los hábitos saludables de vida no le inquietan demasiado, no les importa que no duermas y les resulta indiferente que no te relaciones con otras personas de carne y hueso, parece que no se llevan demasiado bien con la Organización Mundial de la Salud y sus recomendaciones. Su objetivo principal es que estés en su sitio, no en el tuyo, que vivas como a ellos les interesa, no como a ti te conviene, quieren que batas el record en el número de veces que desbloqueas el móvil y que vivas en alerta continúa para consultar el resultado de tus publicaciones o para que devores sus productos. Te invitan reiteradamente a la contienda de la comparación y degradan tu atención hasta conseguir que aunque estés presente estés ausente.
Volviendo a La Gioconda, nombre popular de la obra de arte referida anteriormente, sabemos que es una imagen que transmite reflexión y espiritualidad, es decir, paz interior, algo demasiado cursi para un consolidado usuario de la red social de la cámara, cuyo objetivo principal es, seducir al ajeno de manera instantánea, que lo vean como sea, para ello se habrá hecho experto en inventarse realidades y especialista en postureo, su hazaña consiste en alimentar al algoritmo para que lo elija como protagonista.
La Mona Lisa es sentimiento y representa luces y sombras, como la vida misma. Es perfecta porque es imperfecta, transmite humanidad y cercanía, yo diría que también humildad, pero sobre todo, me parece una mujer honesta, natural, incapaz de engañar a nadie, incluyendo al dichoso algoritmo que reparte el juego.
He propuesto una ecuación donde están presentes un cuadro renacentista y una red social especializada en la publicación de imágenes, ambos “factores”, fueron y son exitosos en sus distintos contextos sociales, uno impulsa la humanidad y el arte y le hace el vacío a la vulgaridad, el otro, tiene destrezas informativas y educativas, pero también manipulativas, da cabida a lo bueno, pero también a lo chabacano, los dos nacieron para ser vistos, con la diferencia, que uno no hace daño a la vista por mucho que lo contemples y te permite ausentarte cuando así lo desees, y el otro, te puede llegar a lastimar las pupilas e intentará retenerte poniendo en riesgo tu libertad si no has adquirido la suficiente destreza para saber que una retirada a tiempo puede ser una gran victoria.
Acceder a ver el cuadro seguramente te supondrá dinero, debes comprar la entrada para visitar el museo parisino que recientemente fue asaltado por unos intrusos, quedando demostrado una vez más, que todo tiene un lado vulnerable. Sin embargo, entrar en la red es gratis, pero debes saber que cuando algo es gratis el producto eres tú, por lo tanto, te sugiero prioritariamente que visites a la Gioconda, aunque tengas que gastar dinero, a veces gastar es ahorrar, no obstante, no te recomiendo escapar de Instagram, pero si te animo a que mantengas al algoritmo a raya, alimentándolo de buen contenido y ejerciendo hábitos de consumo saludables que protejan tu salud. No te preocupes demasiado del pensamiento ajeno, muestra tu propia versión, lo importante es ser, no parecer, la Mona Lisa consiguió la excelencia en ambos aspectos, cosas de genios.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto
sencillamente genial!! Alimentas constantemente mi curiosidad ,deseando leer el próximo.
Tienes mucha categoría amigo.
¡Mil gracias!
Efectivamente, si no cuidamos lo que leemos, lo que vemos, podemos quedar atrapados en un mundo del que será difícil salir. Si no ejercemos un consumo informativo deliberado y plural, los sistemas algorítmicos tenderán a ofrecernos contenidos coherentes con nuestras búsquedas previas, interacciones y preferencias implícitas. De este modo, si un usuario inicia su exploración de un tema desde una determinada perspectiva —por ejemplo, favorable a una postura concreta es probable que el algoritmo priorice contenidos alineados con esa orientación, reforzando progresivamente ese marco interpretativo y reduciendo la exposición a argumentos alternativos.
El riesgo es particularmente relevante en adolescentes y jóvenes, cuyo bagaje informativo y capacidad crítica aún se encuentran en formación. En ausencia de contrastes deliberados y de una educación sólida en alfabetización mediática, pueden quedar inmersos en entornos informativos homogéneos que dificultan el encuentro con posiciones contrapuestas. Esta dinámica no impide formalmente el acceso a la diversidad de opiniones, pero sí reduce su probabilidad, generando una percepción parcial o incompleta de la realidad.
También el arte renacentista estuvo en ocasiones a merced de de funciones políticas, simbólicas o propagandísticas. La diferencia crucial no radica en que uno sea “bueno” y el otro “malo”, sino en que el primero pertenece a un régimen de contemplación, mientras que el segundo forma parte de un régimen de captación. La obra renacentista no altera nuestra fisiología ni explota nuestra psicología conductual para retenernos; la red social, en cambio, esta diseñada en torno a mecanismos de recompensa intermitente, retroalimentación inmediata y personalización algorítmica que pueden dificultar la desconexión voluntaria. Gracias por hacerme reflexionar.
Haces un análisis extraordinario, me parece muy interesante el apartado en el que mencionas a los adolescentes, debemos protegerlos mediante la formación y mostrarles nuestra atención. Considero que con acciones simples, como pueden ser el diálogo y la escucha, podríamos prevenir muchos contratiempos futuros.
Es un placer leer tus comentarios. Gracias Mar.