LA ESCALA BÁSICA

La jerarquía debe ser un sistema al servicio de la eficacia, una forma de organización destinada al buen funcionamiento de una corporación, donde cada trabajador tendrá asignado un cometido en función del rango que ha adquirido. Toda pirámide se asienta sobre unos cimientos, podríamos definirlos como  los escalones básicos, sin estos peldaños, la estructura sería incapaz de coger forma, su existencia sería imposible, razón por la que podemos afirmar que hay vida gracias a la escala básica.

Durante este texto escribiré sobre una escala universal y polivalente, mi favorita, el motor que mueve un cuerpo policial inmenso,  por lo tanto, discúlpenme si en algún momento el sentimiento me lleva al alardeo excesivo, intentaré razonar y justificar mis afirmaciones, pero ya les adelanto que tengo motivos suficientes para afirmar con contundencia que es imprescindible.

La cualificación, el grado de responsabilidad, el compromiso y los valores, deberían crecer al compás de los niveles  existentes en cualquier organigrama jerárquico, como también lo hacen las correspondientes retribuciones. Una organización compuesta por personal formado y experimentado significa mayor calidad de respuesta. La jerarquía democrática no puede enmascarar al talento, aunque este se encuentre en la base, es inadmisible pensar que “el guardia de la porra” con demasiada formación puede ocasionar problemas, ese pensamiento es propio de otras épocas donde la razón emanaba de los galones y no de los argumentos. Es un buen hábito observar la jerarquía desde perspectivas horizontales, no solo verticales, todos podemos aportar soluciones, es menester tener presente que la vida va más allá de la jornada laboral, en ese espacio nos igualamos todos.

Hay quien quiere poner todo “patas arriba” por el gusto de hacerlo, por imprimir su sello personal, no veo nada negativo en dejar las cosas como están si el funcionamiento es adecuado, la arrogancia no es signo de respeto y reconocimiento, más bien de lo contrario, tampoco veo con buenos ojos dar continuismo al despropósito, la dejación de funciones te puede dejar en evidencia.

Las órdenes hay que saber darlas y también recibirlas, conozco a muchos compañeros que trabajan duro sobre el terreno y no tienen el reconocimiento que deberían, son discretos por encima de todo y no buscan la palmadita en la espalda por cada servicio que desempeñan. Otros, aparecen poco y cuando lo hacen provocan un ruido ensordecedor para que se les reconozca su puntual y efímero servicio, prefieren las medallitas en el pecho que el abrazo del compañero de patrulla, una lástima. Detesto a los pelotillas, a los aduladores de la superioridad, a los que se preocupan más de lo ajeno que de lo propio, a los que buscan llamar la atención de cualquier modo, casi siempre con intención de destruir y no de construir. Rechazo el exhibicionismo porque la esencia policial es servir sin aparentar. Los “corre despachos” y “lleva maletas”, perdón por los “vocablos”, son la grieta de la base, el hormigón defectuoso que provoca el derrumbamiento de la pirámide, los últimos en llegar y los primeros en irse.

La vanguardia de la respuesta, la primera línea de acción, la presencia permanente,  los admirados pero también repudiados, los puntos fijos que garantizan el paso, los custodios de los que se desviaron de la norma, los que  atienden un sábado de madrugada y un día de navidad, los que tramitan denuncias sin descanso, los que embolsan a una masa de irracionales camino de un estadio, los que tienen que tomar decisiones cuando el corazón late demasiado deprisa, los que son un instrumento al servicio del sistema, los que se van de copas juntos porque se quieren y porque entienden el significado y el valor del compañero, los que pisan el barro verdadero, los que presencian escenas que dejan “tocado”, los que hacen funcionar la máquina sin la necesidad de supervisión, los que salvan vidas, los que conocen el efecto túnel porque han visto el cuchillo demasiado cerca, en definitiva, el “Alma Mater” de la institución que garantiza sus derechos y libertades, esta es la definición de escala básica, la escala insustituible, la esencia policial.

El punto de inicio de esta escala es el “pepinillo”, el final es el “caimán”, en ese intervalo se va escribiendo la historia de los maderos que hoy visten de azul y que cultivan su saber en una escuela que tiene acceso libre y que se llama calle, lugar de alegrías y de tristezas, de miserias y proezas, donde habita el bueno mezclado con el “choro”, el personaje que hace espabilar al “guardia” y que acabará con los “grillos” puestos sentado en el banquillo de los acusados.

Hay policías de la escala ejecutiva que tienen ADN básico, mi más profunda admiración y respeto hacia ellos, son líderes necesarios, se preocupan y se ocupan, actúan cuando corresponde y dejan hacer cuando es necesario, tienen la facultad de escuchar e intentan comprender el funcionamiento de la mente ajena, nunca rehúyen de los que llevan posada en cada uno sus hombros una rama de laurel, porque saben, que el buen servicio policial está en sus manos y son los que ofrecen las  soluciones que no figuran en los manuales de ciencia policial y tampoco en los densos protocolos operativos, elaborados, no en pocas ocasiones, por personal que vive al margen de la cruda realidad. La básica es, sin duda, el corazón de nuestro cuerpo de seguridad, pero debo ser honesto y reconocer que los ascensos surgen porque ha habido estudio, esfuerzo y renuncias personales por el camino, ingredientes que provocan el impulso profesional y que se deben valorar de manera justa, se han ganado los “comecocos” y punto. También creo, que es necesario matizar que alcanzar la jefatura no te convierte en líder, para ello existen dos herramientas que no siempre gusta usar, la empatía y la humildad. Cuidar al pilar básico es un plan preventivo que evitará la caída al vacío, por lo tanto, es aconsejable evitar cometer pecados contra la inteligencia y ejercer la jefatura conseguida con sensatez y sin despotismo, vivir en una burbuja es muy peligroso, el oxígeno acabará desapareciendo.

Quiero finalizar este artículo solicitando permiso para seguir perteneciendo a la escala primaria y tener la posibilidad de portar el ariete con orgullo y la bocacha con firmeza, para poder manejar la “rosca” de la “furgo” con acierto y transportar de manera rápida y segura a los mejores guerreros, para seguir tirando conos y poniendo señales sobre el asfalto con el fin de dibujar un punto de recepción para los malos. Quiero patrullar las calles escuela y sumar momentos únicos e inolvidables con los compañeros y compañeras de travesía nocturna y diurna, en los cuales, se asomará la cara más amable y la más amarga del ser humano. Deseo que nos sigamos contando batallitas en la barra del bar brindando con los “botijos” de cerveza,  que nos pongamos las botas del orden y hagamos más grande nuestra unión, ahí estará nuestra fuerza, de ese modo, la pertenencia a la escala básica será un placer, un privilegio y un verdadero honor.

6 comentarios en “LA ESCALA BÁSICA”

  1. José Antonio de Diego

    Qué manera más digna de describir la escala básica, me sumo a ti compañero, es el espacio donde quiero transitar porque está lleno de valores tan básicos y tan enriquecedores que nunca me han creado la necesidad de explorar nuevos territorios

    1. Para mi eres un policía de referencia, sabes de lo que hablas por tu gran experiencia, haces grande a la escala básica y me consta tu orgullo de pertenecer a ella.

  2. Gustavo Iglesias

    Todas la palabras que escribes en este artículo, describen la «básica» en todos los sentidos.
    «A España servir hasta morir»
    Tanto en mi empresa como en la tuya es el jamón de York de un sándwich 😅. ¿Has probado un sándwich sin Jamón de York? No sabe a nada. Entre la escala oficiales ( pan de molde arriba) y la escala de tropa ( pan de molde de abajo) siempre está el » jamón de York» . Ese que le da el toque de calidad al sándwich.
    Gran artículo amigo, grandes palabras. Mi más sincera enhorabuena.

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