«NO A ETA», LA BANDA DEL HORROR.

Estos criminales contaban los asesinatos como triunfos, los celebraban y brindaban enérgicamente por ellos. En aquella sociedad se llegó a legitimar la lucha armada, desgraciadamente, tuvo un respaldo notable de un amplio sector de la población vasca de la época, otra parte, simplemente miraba para otro lado por miedo a las posibles represalias y después estaban los que miraban a los salvajes a la cara y exponían sus ideas con valor y dignidad, aun sabiendo, que el precio podía ser un tiro en la nuca. En ese contexto la muerte se convirtió en algo cotidiano, se llegó a normalizar una situación en la que se atentaba diariamente contra el derecho a la vida de numerosos ciudadanos y que asfixiaba injustamente a otros que no conocían la tranquilidad, aquel ambiente hostil les incapacitaba para poder disfrutar de su existencia, dar un paseo con sus hijos era un lujo inalcanzable y despertarse con vida cada mañana un auténtico milagro. También contaban con afines entre los medios de comunicación, la prensa se resistía a informar y a describir con precisión el terrorismo y sus consecuencias, eran tiempos en los que las crónicas del Athletic o de la Real desplazaban a los sucesos sangrientos, la sinrazón ganaba por goleada.   

A la chica que mencioné al principio, el mundo se le paró de golpe, a partir de aquel momento tuvo que vivir sin su padre, un hombre que llegó obligado al País Vasco con 23 años para ejercer la profesión de policía, desde ese preciso instante, se convirtió en un represor a ojos de los radicales y como consecuencia en objetivo a eliminar para los alistados en Euskadi Ta Askatasuna, la organización más miserable que ha pisado suelo español. Este policía asesinado fue uno de los que se puso delante de las balas para que usted y yo evolucionáramos en derechos y colaboró para  consolidar la incipiente democracia del momento. Él y sus compañeros eran minoría en aquel siniestro y peligroso paisaje, los despreciaban allá donde fueran, no podían ni asistir a una iglesia porque determinados curas, solidarizados con la causa, jamás darían una misa que estuviera concurrida por “españolistas”. Algunos de estos sacerdotes fueron colaboradores de la banda armada, estaban adscritos a su brigada de información y mediante su pericia y profesionalidad posibilitaron una precipitada ascensión a los cielos de algún guardia que  cometió el error de sincerarse en el templo equivocado.

@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto

2 comentarios en “«NO A ETA», LA BANDA DEL HORROR.”

  1. Efectivamente, coincido contigo. Aunque resulte doloroso, hay episodios de nuestro pasado que no deben caer en el olvido. También es una manera de honrar a quienes perdieron la vida por su valentía, por mantenerse firmes frente a la violencia de ETA. Lo ocurrido durante los años de violencia de ETA permite a las nuevas generaciones valorar la paz y la convivencia que hoy disfrutamos. Y todo ello gracias a muchos valientes a los que no debemos olvidar nunca. Esperemos no tener que volver a vivir una situación similar en el futuro.

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