Esta es la hija del “hijoputa” que mataron el otro día. Nos situamos en 1980, seguro que les suenan los años de plomo, con esa miserable frase se dirigían los etarras a una joven que acababa de perder a su padre porque unos malnacidos le habían tiroteado cobardemente a quemarropa y por la espalda. No les valía con el asesinato, su crueldad no tenía límites y no mostraron ningún reparo en ensañarse con una niña que quizá todavía no sabía ni situar el País Vasco en el mapa. El inicio de este texto es igual de desgarrador que de real, este acontecimiento puede resultar inverosímil, pero desgraciadamente, era la realidad cotidiana ofrecida por gentileza de unos sanguinarios que decían llamarse ETA, una banda terrorista que sembró el terror en España, especialmente cuando se instauró la democracia y las excusas de la opresión y la represión ya no le servían de coartada. Su escalada de violencia aumentó drásticamente cuando llegaron los derechos y las libertades a una nación que los necesitaba imperiosamente y que acababa de dejar atrás el régimen franquista, un hecho que indica con claridad que la razón del surgimiento de la banda criminal del pasamontañas, no era otra que el odio a España.
Esta organización terrorista comenzó a matar en el año 1968 y terminó de hacerlo en el año 2010, ese interminable y macabro recorrido dejó un balance de más de 850 víctimas mortales reconocidas, digo reconocidas, porque las secuelas psicológicas ocasionadas por esta barbarie hicieron aumentar posteriormente el número de muertes. El informe de la autopsia del hombre al que asesinaron vilmente por la espalda decía que había fallecido debido a una hemorragia, inexplicablemente, no se mencionaba el terrorismo como causa, pero el despropósito no quedaba ahí, también se impedía dar debida y respetuosa sepultura a la víctima de estos despiadados, los enterradores corrían el riesgo de ser exterminados si se les ocurría enterrar con un mínimo de sensibilidad a un “txakurra”, término que la izquierda radical vasca utilizaba para dirigirse a un policía y que significa perro, un animal con unas destrezas cognitivas muy superiores a las de aquellos abertzales sin fundamentos.
Estos criminales contaban los asesinatos como triunfos, los celebraban y brindaban enérgicamente por ellos. En aquella sociedad se llegó a legitimar la lucha armada, desgraciadamente, tuvo un respaldo notable de un amplio sector de la población vasca de la época, otra parte, simplemente miraba para otro lado por miedo a las posibles represalias y después estaban los que miraban a los salvajes a la cara y exponían sus ideas con valor y dignidad, aun sabiendo, que el precio podía ser un tiro en la nuca. En ese contexto la muerte se convirtió en algo cotidiano, se llegó a normalizar una situación en la que se atentaba diariamente contra el derecho a la vida de numerosos ciudadanos y que asfixiaba injustamente a otros que no conocían la tranquilidad, aquel ambiente hostil les incapacitaba para poder disfrutar de su existencia, dar un paseo con sus hijos era un lujo inalcanzable y despertarse con vida cada mañana un auténtico milagro. También contaban con afines entre los medios de comunicación, la prensa se resistía a informar y a describir con precisión el terrorismo y sus consecuencias, eran tiempos en los que las crónicas del Athletic o de la Real desplazaban a los sucesos sangrientos, la sinrazón ganaba por goleada.
A la chica que mencioné al principio, el mundo se le paró de golpe, a partir de aquel momento tuvo que vivir sin su padre, un hombre que llegó obligado al País Vasco con 23 años para ejercer la profesión de policía, desde ese preciso instante, se convirtió en un represor a ojos de los radicales y como consecuencia en objetivo a eliminar para los alistados en Euskadi Ta Askatasuna, la organización más miserable que ha pisado suelo español. Este policía asesinado fue uno de los que se puso delante de las balas para que usted y yo evolucionáramos en derechos y colaboró para consolidar la incipiente democracia del momento. Él y sus compañeros eran minoría en aquel siniestro y peligroso paisaje, los despreciaban allá donde fueran, no podían ni asistir a una iglesia porque determinados curas, solidarizados con la causa, jamás darían una misa que estuviera concurrida por “españolistas”. Algunos de estos sacerdotes fueron colaboradores de la banda armada, estaban adscritos a su brigada de información y mediante su pericia y profesionalidad posibilitaron una precipitada ascensión a los cielos de algún guardia que cometió el error de sincerarse en el templo equivocado.
A los jóvenes se les reprocha no saber quién es ETA, pero es que no se lo hemos contado. La amnesia y la insensibilidad caminan de la mano, actualmente observamos en las tribunas de las instituciones a los que tratan de igualar al asesino con la víctima, son impermeables a todo, capaces de fabricar relatos que blanquean y justifican los actos más escalofriantes y repugnantes de la condición humana acontecidos en el pasado más reciente de nuestro país. Prostituyen la historia cuando la intentan reescribir pisoteando a los muertos, no muestran reparos en deshumanizar a los familiares de los difuntos y construyen pensamientos falsos en las mentes de las nuevas generaciones que afortunadamente, no tuvieron que convivir con aquel drama humano.
Los “maketos”, término despectivo que utilizaban para referirse a los inmigrantes llegados del resto de España para ganarse la vida, también les incomodaban, les otorgaban el calificativo de seres inferiores, ajenos a la pureza de la raza vasca, incapaces de adaptarse a la vida social de Euskadi. El ser supremo de las vascongadas excluía por motivo del lugar de origen, era un sectario distinguido y un intolerante reconocido, también estigmatizaba a todo aquel que no pensara como él, era un objetor de la democracia y un etnocentrista de la naturaleza. Seguro que conocen las ikastolas, nombre que reciben las escuelas vascas y que en algunos casos fueron utilizadas como lugar de adoctrinamiento para los futuros gudaris de ETA, en esos colegios se vulneraba sistemáticamente la igualdad, la inclusión y la solidaridad, el autoritarismo se asomaba demasiado y la libertad de expresión brillaba por su ausencia.
Los atentados de Hipercor en Barcelona, los de las casas cuartel de Zaragoza y Vic, donde arrancaron la vida a 11 niños inocentes, el secuestro de José Antonio Ortega Lara, lo encerraron durante 532 días dentro de un zulo en unas condiciones inhumanas y degradantes, el asesinato de Miguel Ángel Blanco, secuestrado y deleznablemente tiroteado, son solo algunos ejemplos de la huella que dejó esta banda de sádicos pistoleros. De la muerte de Miguel Ángel nació el “espíritu de Ermua”, un movimiento cívico que unió a toda una nación que quiso mostrar su repulsa a la crueldad demostrada por una organización cuyo único argumento era el aborrecimiento al Estado español. La indignación llegó a las calles y se produjeron las mayores manifestaciones de la historia de España.
Actualmente muchos chavales no tienen ni idea de lo que ocurrió por aquel entonces en su país, no podemos permitir que se borre de la memoria una tragedia de estas dimensiones, debemos evitar que se eliminen de las páginas de los libros de texto uno de los episodios más cruentos de nuestra historia. También es muy importante recordar que el partido Bildu, socio preferente del gobierno actual, tiene en sus listas a una diputada que fue condenada por “apología del terrorismo” y que su coordinador también estuvo en la cárcel por la comisión de diferentes delitos del mismo tipo, la conclusión que se puede sacar es sencilla, ETA es Bildu y Bildu es ETA, los amigos íntimos de nuestros gobernantes.
Con este relato quiero ayudar a mantener viva la memoria de las víctimas del terrorismo, la vida de los muertos es la memoria de los vivos, mi intención es divulgar la pesadilla que supuso la vivencia de esos años para muchas familias, deseo expresar mi eterno agradecimiento a todos los responsables y valientes que hicieron posible que esta terrible etapa llegara a su fin. Me encantaría que las nuevas generaciones se interesaran por aquellos tiempos convulsos, es imprescindible conocer nuestro pasado para entender y valorar nuestro presente. La libertad llegó gracias al enorme sacrificio de muchas personas, algunas entregaron su vida para que hoy otros podamos vivir en paz, no les podemos fallar, ellos se pusieron delante de las balas para defendernos, la única alternativa que nos queda es ser justos y reivindicar con orgullo su dignidad.
«El éxito es intentarlo»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto
Efectivamente, coincido contigo. Aunque resulte doloroso, hay episodios de nuestro pasado que no deben caer en el olvido. También es una manera de honrar a quienes perdieron la vida por su valentía, por mantenerse firmes frente a la violencia de ETA. Lo ocurrido durante los años de violencia de ETA permite a las nuevas generaciones valorar la paz y la convivencia que hoy disfrutamos. Y todo ello gracias a muchos valientes a los que no debemos olvidar nunca. Esperemos no tener que volver a vivir una situación similar en el futuro.
Así es Mar. Gracias por tu reflexión.