Existen factores de riesgo y factores protectores, los primeros impulsan hacia el peligro y empujan al desenlace fatal, pero no siempre ocurre así. El acceso al camino bacheado puede ser bloqueado o dificultado por el trabajo de los segundos, no obstante, la aparición de un factor de riesgo no es sinónimo de problema o de situación adversa, el haber adquirido herramientas protectoras puede ser un parapeto sólido que garantice la cobertura del fuego social.
La vulnerabilidad es una característica propia del ser humano, el entorno nos afecta y condiciona nuestro desarrollo personal, el nivel de nuestra seguridad está conectado a las actividades rutinarias, en ocasiones, ser negligente, irresponsable e incompetente no tiene consecuencias negativas, sabemos que la vida no siempre recompensa al que hace bien las cosas y lo que es peor, puede llegar a beneficiar al parásito, al «chupa sangre» o al inepto.
Hay quien piensa que existen determinadas personas que se preparan continuamente para enfrentarse a situaciones inverosímiles, que viven en un delirio continuo, obsesionarse no conviene, pero tengan presente que si hacen una recapitulación de los acontecimientos más relevantes de los últimos tiempos, observarán las numerosas desgracias acontecidas que eran consideradas imprevisibles hasta que aparecieron, pongo ejemplos, el 11S, el 11M, el 17A, la guerra de Ucrania, la guerra de Irán, Israel y Palestina, prosigo, un lobo solitario asesinando a niños en una escuela de la primera potencia mundial, la pandemia de COVID-19 matando a millones de personas o que miembros de una banda terrorista como ETA acabaran teniendo peso en las decisiones transcendentales de un país al que odian, por eso me refería anteriormente a lo del beneficio de los parásitos, en este caso habría que aplicarle la agravante de malnacidos terroristas.
No podemos controlar todo lo que puede ocurrir, la seguridad total no existe, el mundo es demasiado grande para ponerle puertas, pero piensen que cuando sus hijos estudiaron aprobaron sus exámenes, que cuando usted les transmitió educación con su ejemplo ellos fueron educados en sus interacciones, que cuando les demostró empatía hacia sus emociones consiguió que valoraran y respetaran al compañero o la compañera con la que tenían que compartir puesto de trabajo, que cuando les dijo que su acción no era correcta incentivó que cuando estuvieron rodeados de insensatos supieran oponerse a sus propuestas, entendieron la importancia de saber decir no, el exceso de permisividad es equivalente a un reproche desproporcionado, estas son acciones de valor que protegen y minimizan la aparición de la debacle.
Un policía debe ser el factor protector por excelencia, con un guardián capaz presente la maldad lo tiene más complicado, presente quiere decir estar y reaccionar porque hay presencias que son ausencias, igual que es más elocuente el silencio que una mala expresión, es preferible no comparecer a la aparición nefasta o cobarde. El policía nace para contrarrestar el riesgo, para anticiparse al mismo o para noquearlo cuando este se haya colado sin respetar las reglas del juego, una tarea igual de difícil que de obligatoria, el agente del orden no se puede permitir la ausencia ante la necesidad, por lo tanto, lo más recomendable es que desarrolle destrezas y aptitudes que le ayuden a dar cumplimiento a su deber.
El trabajo policial consiste en muchas ocasiones en prepararse para lo que no va a ocurrir, la victoria es precisamente que no ocurra, lo que quiero decir con esto es que cuando un dispositivo no ha tenido incidencias no hay que considerarlo un mal servicio, todo lo contrario, ha sido exitoso, por ello, no subestimen el análisis previo y todos los recursos distribuidos aunque no hayan sido utilizados, es mejor tener y no necesitar que necesitar y no tener. He tenido la oportunidad de escuchar por algún pasillo el desafortunado comentario de “no sé dónde vas con toda esa parafernalia si aquí nunca pasa nada”, incluso observar a algunos servidores públicos reírse de los que hacen uso de los medios colectivos e individuales, la ignorancia es muy atrevida, el sello de identidad del incompetente. Disculpen mi grosería, pero las opiniones son como el culo, todo el mundo tiene uno y generalmente estos opinadores de todo y sabedores de nada no necesitan herramientas de trabajo, están por estar, son los que tienen el culo más feo, los que nunca aparecen cuando se les necesita, los que aconsejan desde la retaguardia, los especialistas en el arte del escaqueo, los que poseen una única motivación para portar el uniforme, llegar al día 28 de cada mes para recibir lo que no se merecen, son un fraude, una estafa. Por favor, pónganlos en el lugar que les corresponde, sería una manera de proteger a la corporación y al personal cumplidor y responsable.
Este artículo se titula “Póntelo, Pónselo”, seguro que los más veteranos recuerdan aquella campaña dirigida para prevenir enfermedades de transmisión sexual, es probable que ayudara a muchos jóvenes y no tan jóvenes a evitar contagios, a concienciarse de que hasta los actos más espectaculares, placenteros y amorosos pueden tener consecuencias fatales si no se practican de manera adecuada y con las debidas precauciones. La seguridad no surge de la nada, precisa de anticipación, de conocer la realidad, de estar preparado para actuar en determinados escenarios, de tener capacidad de reacción ante la adversidad, eso se consigue con la implicación y la coordinación de diferentes instituciones, entre ellas la policial, dotada de medios que deben ser portados y empleados cuando la ocasión lo requiera, allá donde existen seres humanos puede desencadenarse un incidente trágico.
Ustedes saben que vivimos tiempos convulsos, las calles están transitadas por todo tipo de personas, buenas, agresivas, pacientes, alteradas, desesperadas, incomprendidas, necesitadas, todas ellas son clientes potenciales de los cuerpos policiales, cada perfil exigirá una respuesta y evidentemente no hay respuesta para todo, pero siempre existe la posibilidad de implantar y aumentar los factores protectores de nuestra sociedad. Ojalá que a todos los niños les hubieran dado las gracias de pequeños, que no hubieran tenido que estar expuestos a la violencia y al desprecio en sus hogares, que no hubieran estado obligados a someterse a la precariedad emocional de sus progenitores, que no les hubieran acosado en las escuelas, que no les hubieran ofrecido droga en el parque de juego, que no hubieran estado expuestos a la pornografía cuando su cerebro estaba en fase de maduración, sí, ojalá que esas circunstancias no hubieran aparecido en una fase tan temprana de su existencia, porque esos acontecimientos, probablemente, fueron esculpiendo a una persona irracional que no era capaz de ubicar su sitio en la sociedad y tampoco de encontrarse a sí misma, el vacío y la ansiedad fueron generando una presión interior que un día hizo aflorar a un monstruo que sufrió un grave descontrol conductual y decidió ponerse al servicio de sus instintos, su enajenación le llevó a provocar muertes de manera indiscriminada y fue llenando el camino que recorría de víctimas, quería vengarse de su entorno, deseaba destrozar a su frustración y calmar de algún modo el odio que inundaba su mente, en ese instante alguien debía ser alertado urgentemente para neutralizar la amenaza, era el momento de la intervención policial, el instante que algunos planteaban como imposible, los indicativos en servicio acababan de recibir la clave “lanza”, la barbarie les estaba esperando y no se podían eximir de acudir a visitarla.
Me hubiera encantado que el niño no se hubiera convertido en monstruo, que los sistemas de control previos hubieran funcionado, que su odio se hubiera detenido y por supuesto, que la matanza no se hubiera consumado, también hubiera deseado con todas mis fuerzas que la respuesta hacia la bestia que el sistema no supo controlar, hubiera sido ejercida por un policía que hubiera desarrollado su talento a base de buenas prácticas, de trabajar su mentalidad y sobre todo de ser consciente de las consecuencias que conlleva este oficio, como son la obligación de intentar asumir la resolución de un drama en situación de desproporción, tener asimilado que tienes que dirigirte hacia el lugar del que la mayoría huye para mirar a los ojos de un ser perturbado a la vez que el miedo se apodera de tus facultades, de sentir que tu pulso se acelera y de que tus posibilidades de sobrevivir son bastante reducidas.
Han podido leer el verbo hubiera en numerosas ocasiones a lo largo de este texto, algo reiterativo pero totalmente intencionado, estamos ante un tiempo verbal que indica una acción pasada que es hipotética o irreal, en definitiva un deseo que en muchas ocasiones no se hizo realidad, el precio a pagar fue el surgimiento de una tragedia que quizá se podría haber evitado o, al menos, reducido. La vida te pone a prueba sin avisarte, para lo bueno y para lo malo, si vas prevenido tendrás algo que ofrecer, sería muy triste dejar escapar la oportunidad de entregarte al chico o la chica que acabas de conocer por no tener protección y sería una desastre emocional observar como un desequilibrado mental está intentando matar a un niño o a tu compañero el día que decidiste dejar las herramientas policiales defensivas en el armero de tus dependencias porque estabas convencido y además presumías de ello de que las armas son para los “Frikis” y que las tragedias nunca pueden ocurrir en tu ciudad, que eso solo surge en las películas, te estarías condenando a una cadena perpetua emocional para el resto de tu vida que no te permitiría conciliar el sueño, por eso te aconsejo, póntelo y pónselo, protégete y protégele, te pagan para ello, aunque sea una locura, piensa que los genios están locos y que la humanidad evoluciona gracias a ellos.
«EL ÉXITO ES INTENTARLO»
@elcaminoderapeni Raúl Pérez Nieto
Toda la razón.
Lo expresas muy bien
Primo»
Gracias por la lectura, un abrazo.
Me ha encantado la reflexión. Cuánta verdad hay en lo que expresas. Ojalá todos, padres, madres, colegios, sociedad y policías trabajáramos juntos en la misma dirección y sienpre diéramo lo mejor de nosotros mismos. Vivimos en una sociedad difícil en el que el individualismo y egoísmo se antepone a todo lo demás .
Eso es, se necesita el trabajo de las distintas instituciones y el compromiso individual para alcanzar la estabilidad social.
Muchas gracias Mar.